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Autor Tema: Introducción a una partida  (Leído 541 veces)
Vargavinter
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« : Diciembre 28, 2010, 09:45:03 »

Hailsa!
Éste es el relato introductorio a una partida que jugamos en mi club el otro día,  para ambientar un poco las batallas tenemos por costumbre que el que la organiza escriba algo y luego cada uno pone sus impresiones sobre la partida, en ocasiones en forma narrada y novelesca.
Sin más os dejo el texto:


Nirlem estaba sentado en una banqueta de madera en una sala casi vacía en la que había dos ventanas ojivales. La luz del atardecer entraba describiendo dos largos caminos por el suelo que después subían por las paredes, pero no sin antes reflejarse en la hoja de la espada del paladín, que éste limpiaba suavemente con un algodón y aceite de oliva.
Unos golpecitos en la puerta sacaron a Nirlem de su sedante tarea, y a continuación entró un corazón próximo.
-Señor, nos ha llegado una carta preocupante.
-¿Preocupante?, ¿porqué?
-No lo sé, Señor, pero la envía Laroc y dice que es preocupante.
-Trae esa carta, y veamos que es lo que preocupa a nuestra hechicera.
Nirlem desenrolló el papiro y lo colocó a la luz. Lo leyó durante unos segundos y puso cara de circunstancias.
-¿Es grave, Señor?
-Bueno, no tiene gracia, pero no creo que sea preocupante- miró al Corazón Próximo por debajo de sus cejas arqueadas- ¿conoces la Garganta de Samal?
-Si Señor, es donde están las ruinas del fortín de Kaundor, ¿no es así?
-Si, ahí es. Al parecer unos soimi andan por la zona, y eso no es bueno.
Pero Señor, esas ruinas están lejos y hace décadas que quedaron abandonadas, ¿qué importa que haya unos soimi?, no me malinterprete, Señor, pero no es raro que trasteen por nuestra frontera, y ¿qué puede de haber allí de interés?
-Unas cuevas, eso hay, unas cuevas.
-¿En las que hay un tesoro?- dijo el corazón próximo con gesto inquisitivo.
-Jajaja- rió Nirlem- discúlpame, no me río de ti, es que me ha hecho gracia el gesto de curiosidad que ponías- el corazón próximo esbozó una sonrisa- No, no hay un tesoro, simplemente son unas hondas cuevas que, según dicen las leyendas, llegan hasta lo más profundo de Darlime.
-Pero sólo son leyendas, ¿verdad Señor?
-Pues no lo sé, pero si Laroc dice en su carta que es verdad supongo que tendrá razón. Ahora mismo escribiré un mensaje, llama a un muchacho para que se la lleve a la guarnición de Bezam, que si no yerro es la más cercana.
-Emmm…, Señor, es que no hay.
-¿No hay carteros?
-No hay guarnición, se fueron con Rodanes hacia el sur, como hacía tiempo que no pasaba nada por la zona, y si se les ocurriese atacar a los soimi, tardarían días en llegar al pueblo más cercano, Rodanes se llevó a los soldados para otra campaña.
-Vaya, pues esa si que es una contrariedad. Entonces nosotros somos los más cercanos.
El corazón próximo se encogió de hombros, haciendo entender que suponía que sí.
-Bien- prosiguió Nirlem- tardaremos al menos dos días en llegar, no hay tiempo de preparar un contingente, así que elige a tus tres mejores hombres, salimos de inmediato.
-Si Señor- el corazón próximo no lo dudó ni un segundo, y dándose un golpe en el pecho se dio la vuelta para salir por la puerta.
-Espera Saicos- le detuvo el paladín- lleva también un par de oteadoras, nos ayudarán a encontrar a los soimi en la abrupta zona, ¡ah!, y envía antes que nada a unos llaneros, que se apresuren, quiero que vigilen a los soimi antes de que lleguemos nosotros, y que les persigan si no podemos llegar a tiempo.
-Si Señor- de nuevo se dio la vuelta cuando…
-Espera, otra cosa, ¿y Laroc?
-Oh, Señor, no me acordé de decíroslo, no sabemos nada de ella.
-Ya- Nirlem puso cara de circunstancias- bueno, al final va a resultar que el asunto es preocupante de verdad…
-Señor, ¿voy a preparar la partida?
-¿Eh?, ah sí, claro, claro.
Nirlem, preocupado, se acercó a la ventana mientras guardaba su espada en su funda, y se quedó frente a ella, con gesto taciturno, viendo como el sol se escondía entre las montañas.



Al caer la tarde del segundo día Nirlem y los suyos subieron a una pequeña loma. Desde allí se veía la garganta de Samal, profunda y oscura, cubierta de una densa arboleda. En su extremo más lejano se divisaban las ruinas de Kaundor, que a esa distancia parecían un terrón de tierra gris medio deshecho. El paladín se acuclilló resoplando y sosteniéndose la cabeza con su mano derecha.
-Señor, ¿os encontráis bien?- le preguntó Saicos, un corazón próximo.
-Sí, sólo estaba descansando un poco, caminar durante dos días con nuestras armaduras se hace muy duro.
-Desde luego Señor, ¿queréis que acampemos aquí?
-No, no, ni hablar, hay que seguir, no des cansaremos hasta encontrar a los soimi, o al menos hasta que sepamos algo de Laroc.
El resto de la compañía, compuesta de oteadoras y corazones próximos aprovechaban mientras para beber de sus cantimploras y descansar sentados sobre rocas y árboles.
Nirlem iba a hacer un gesto para continuar, pero entonces se fijó en ellos, estaban realmente cansados, sudorosos y seguramente hambrientos.
Avanzó hasta el centro del grupo, y se colocó junto a una piedra en la que estaba sentada una oteadora, que dio un respingo y se bajo de la roca dando un saltito, como dejándole el sitio a Nirlem.
-No, deja, deja,… siéntate, sólo voy a dejar mis cosas- el jefe de la expedición dejó su casco, su mochila, su escudo y sus grevas. Mientras la oteadora volvía a apoyarse en la piedra.
-Voy a dar una vuelta por aquí en lo que descansáis, a ver si encuentro algo.
Todos se quedaron un poco sorprendidos por lo dicho por Nirlem, no podían permitir que el líder se fuese por ahí, en esas condiciones, a buscar soimis mientras ellos descansaban, así que todos se pusieron de pie, dispuestos a seguir la marcha.
-No, sentaos.
Ninguno se sentó, todos seguían sorprendidos mirándose unos a otros.
-De verdad, sentaos, no me voy a alejar mucho, tenéis que descansar.
-Pero Señor- se adelantó unos de los corazones próximos.
Nirlem se irguió en toda su estatura poniendo los brazos en jarra y sacando pecho- sentaos he dicho, es una orden, de nada me servís agotados.
Todos se sentaron inmediatamente ante el exhorto de tan imponente figura.
-Ahora voy a dar una vuelta por las inmediaciones, vosotros descansad, y comed algo.
-Yo voy con vos- dijo la oteadora de la piedra.
-Tenéis que descansar, he dicho, y no…
-Pero no estoy cansada y quiero ir…-la oteadora se quedó callada entonces, enrojecida, al darse cuenta de que había interrumpido al paladín, ¡y además para replicarle!
Esperaba que la echase la bronca, pero en lugar de ello Nirlem se sonrió y relajó su solemne postura. Entonces ella se animó a continuar- Señor, yo no he venido cargando con las pesadas armaduras que llevan los corazones próximos, puedo acompañaros…, si queréis claro.
-Está bien, acompáñame si quieres, así tendré con quien hablar por el camino.
-Yo también os acompaño, Señor- dijo inmediatamente Saicos.
-¿Tú también?, ¿es que al final vais a venir todos?
-No Señor, pero yo también quiero ver los alrededores porque… ehmmm, me gustan los bosques.
Nirlem se extrañó con la respuesta del corazón próximo, así que arqueando una ceja le contestó- Vale, pues ven con nosotros si te gustan los bosques, ¿no prefieres descansar?
-Yo nunca me canso Señor- replicó poniéndose firme.
-Muy bien, Saicos “el incansable”, vamos a ver el bosque.
La oteadora y Saicos cruzaron una mirada cómplice con una leve sonrisa.
-Ya, que te gusta el bosque, ya- dijo en voz bajita Nirlem mientras recogía su panoplia- y los demás a descansar, repito que es una orden.
Todos contestaron a la orden mientras dejaban sus pesados petates y descargaban a las mulas.
Los tres bajaron de la loma y empezaron a caminar entre los árboles. El bosque era realmente denso, loas raíces de los árboles habían levantado el suelo, y sus cortezas estaban cubiertas en parte por el musgo. Buscaban huellas o cualquier cosa que les pudiese dar pistas sobre donde estaban los soimi o Laroc.
Tras algo más de una hora parecía imposible encontrar nada entre la hierba alta y las piedras que cubrían el suelo, así que decidieron volver hacia el campamento.
Cuando habían andado apenas unos metros la oteadora, que iba cerrando el trío, se detuvo. El musgo de las piedras estaba arañado, pero aún no se había secado, así que algo tenía que haberlo pisado hacía poco. Siguió la dirección del musgo levantado mientras sus dos acompañantes se distanciaban, sin percatarse de que ella se quedaba rezagada.
Silenciosamente la oteadora dio unos pasos, encontrando unas hojas pisadas. Continuó otro par de pasos mirando al suelo cuando notó algo que la rozaba el pelo, eran unas ramas de un helecho que tenía justo en frente. Levantó la cara y las apartó con una mano. Entre el follaje le llamaron la atención unos frutos verdosos de aspecto satinado, rodeados por algunas hojillas secas de color pardo. Extendió la mano para cogerlos y en ese momento los frutos se movieron hacia delante revelando su verdadero ser. No eran bayas del bosque sino dos resplandecientes ojos, y no eran hojarasca seca sino bigotes, todos ellos de lo que debía ser algún tipo de felino enorme. La oteadora chilló mientras saltaba hacia atrás, pero la fiera la sujetaba por la muñeca.
Raudos se acercaron el paladín y el corazón próximo que la encontraron en el suelo, sujeta por una bestia mitad hombre mitad lince, aunque aparentemente ilesa. Desenfundaron sus espadas y la criatura rugió enseñando sus colmillos, cuando una voz potente los detuvo a todos.
-¡Basta!, ¡no cometáis una insensatez!
Sobre una piedra cubierta de musgo se hallaba un hombre vestido con una veste de paño verde y una capa de pieles.
Nirlem abandonó su posición de combate y se quedó mirando a aquel tipo, aunque el corazón próximo seguía apuntando con su espada al lince, sin apartar sus ojos de él ni un segundo, dispuesto a darle la estocada final, mientras el felino sostenía a la joven con sus afiladas zarpas, sosteniéndole la mirada al humano.
-¡He dicho que basta Baduram!
El hombre lince miró al tipo de la capa, y con desdén soltó a la temblorosa oteadora, dando después unos pasos hacia atrás.
El caballero por el contrario se acercó a ella para recogerla, sin dejar de apuntar con su espada.
-Baja la espada Saicos- espetó Nirlem con voz tranquila.
-Pero Señor…
-¡Baja la espada he dicho!
Apretando los dientes el corazón próximo bajó su espada y ayudó a levantarse a la joven. Entonces prosiguió Nirlem:
-Shaogi, hacía tiempo que no oía hablar de ti, y aún más que no te veía.
-¿Creías que había muerto tal vez?
El paladín se quedó un poco extrañado por la pregunta.
-No, ¿por qué debería creer algo así?
Shaogi realmente creía que Nirlem habría de saber algo de lo acaecido en aquella playa, pero no le parecía que su interlocutor estuviese mintiendo, tal vez no estaba enterado de nada.
-Por nada,… simplemente como decías que no habías oído hablar de mí…
-Sea como sea, me alegro de que no estés muerto, claro- Nirlem mantenía su tono de extrañeza.
-Y dime, ¿Qué hacen unos caballeros enlatados y una niña por aquí?
-Este sigue siendo nuestro territorio- contestó el líder de la Alianza un tanto ofendido- lo que me lleva a plantear la siguiente pregunta, ¿qué haces TÚ por aquí?
Ambos sentían una cierta paranoia y preferían no soltar prenda de lo que les había traído hasta aquella garganta. Shaogi contestó algo que esperaba que no subiese la tensión.
-Soimi.
Nirlem se quedó en silencio, calculando las consecuencias de lo que iba a contestar.
-Vaya, que casualidad.
-¿Vosotros también venís por lo de…?- Shaogi se quedó callado mirando al paladín, como invitándole a decir algo, pero éste no es sólo un guerrero metido en una armadura, es un líder listo.
-Por lo de… los soimi, sí.
-Está bien Nirlem, ambos somos hombres de honor…
-No he oído eso- interrumpió el paladín.
-¡¿Has oído que no soy de honor?!
-No, no- realmente Nirlem no había querido decir eso- he oído que ya no eres exactamente un hombre- y señaló al hombre lince.
-Ah, eso. No es que no sea un hombre, ahora soy un hombre y algo más. Pero sea lo que sea, soy de honor.
-Eso no lo dudo.
-Entonces digamos que estamos haciendo aquí, sin rodeos.
-Está bien, hemos venido a echar a los soimi de las ruinas de nuestro fortín, serán ruinas, pero son nuestras, si les dejamos una oportunidad, la próxima vez no serán unas ruinas sino una aldea.
-Nosotros venimos por las cuevas- dijo Shaogi, dejando sorprendido a Nirlem, que suponía que nadie más las conocía- en las que se ocultan algunos hombres topo. Si los soimi les descubren, no quiero pensar lo que les pasará.
A nirlem no le terminaba de gustar que conociesen las cuevas, y mucho menos que hubiese adeptos en ellas, pero desde luego los prefería a los soimi.
-Y bien, ahora que sabemos lo que hemos venido a hacer, … podemos colaborar.
-Si, mejor sería… hay muchos soimi en la zona.
-¿Los habéis visto? ¿dónde están?
-¿No te lo han dicho tus jinetes encapuchados?, a ellos también les hemos visto por aquí.
-No, aún no hemos tenido oportunidad de encontrarnos con ellos.
-Bueno, hay algunos soimi en el propio bosque, pero lo realmente importante está en la fortaleza derruida.
-¿Y eso?
-Allí está Sull, el Desgarramentes.
-Entiendo.
Entonces el lince intervino con voz áspera.
-Shaogi, termina ya de charlar, no tenemos tiempo para esto.
El hombre jabalí, en ese momento con forma humana, salió bruscamente de la conversación, dándose cuenta de que su guerrero tenía razón.
-Es verdad, los soimi ya están allí, si no nos apresuramos encontrarán la entrada a los túneles.
-Dame tiempo para ir a por mis hombres- dijo Nirlem.
-No, no puede ser, estáis a una hora de ellos, y tu campamento queda en dirección opuesta al fortín de Kaundor, tardarías dos horas en ir y volver, y otras dos horas en llegar a las ruinas, si quieres ir a por tus hombres, nosotros nos iremos solos ahora.
Nirlem dudó un momento, mirando alternativamente a Saicos y a la oteadora y a los hombres animales.
-Espero no equivocarme, nos vamos con vosotros.
-De acuerdo, entonces vamos. ¡Haraon!, ¡sal ya!
De entre la espesura del bosque salió un hombre serpiente que reptaba sobre su vientre.
-¿Nos habéis estado espiando mientras hablábamos?- dijo airado Saicos.
-Si- contestó Shaogi, y echó a andar en dirección a las ruinas.


Asomados entre el follaje, los tres adeptos y los tres de la Alianza observaban a los soimi que se encontraban entre las ruinas. Sólo eran tres, mientras que el resto de los vástagos de Kurgan, bastante abundantes, se encontraban en una explanada algo alejada del antiguo fortín.
Un par de los soimi, unos enormes guerreros, empujaron unos pedazos de piedras derruidas, dejando a la vista una covacha.
-¡Maldita sea!, ¡han encontrado los túneles!- dijo Nirlem.
-No, que va- replicó Shaogi- lo conozco, y no es más que un pozo ciego, muy profundo, pero ciego. Aún así parecen bastante satisfechos.
Entonces el soimi más pequeño, que llevaba una esfera de cristal verde en las manos, empezó a realizar un ritual. La esfera se iluminó y empezó a exhalar un humo verdoso que se hundía en el pozo.
-¡Seguro que es un hechizo para matar a los topos!- rugió el lince.
-¡Que no!- contestó Shaogi- ya os he dicho que es un pozo ciego, nadie vive ahí, ni los top…
Un potente estallido interrumpió al jabalí. Ante sus atónitos ojos una nube de humo salió del túnel, y a continuación un montón de chorros y gotas de lava incandescente. Los soimi se apartaron como pudieron, excepto uno al que no le dio tiempo, que se arrastró por el suelo mientras la roca fundida le abrasaba y consumía.
Al cabo de unos segundos dejó de manar la lava, y Sull se acercó a la entrada, teniendo cuidado de no pisar las brasas aún incandescentes.
Para el asombro de nuestros amigos, de la cueva salieron tres extrañas criaturas, una grande, una mediana, y otra más bien pequeña. Parecían algún tipo de demonios.
-Urueh- dijo Nirlem alarmado.
-Y ese es Igniis- siguió Shaogi.
-Es mucho peor de lo que pensaba.
En la lejanía, Sull e Igniis parecían estar hablando, y entonces el diabólico ser apuntó hacia una zona cubierta de hiedra con su espada de roca volcánica.
-¡Oh no!, está señalando hacia la entrada de la cueva de los topos- gritó Shaogi.
-¡Hay que darse prisa!- y el hombre lince salió corriendo hacia allí, seguido por Shaogi y la serpiente.
Nirlem se puso depié y se dirigió al corazón próximo y a la oteadora.
-Bien, esto es lo que habíamos venido a hacer,… ¡matar soimis!
Sus dos acompañantes contestaron con un grito de guerra y los tres echaron a correr hacia el fortín.



Cuando tenga una ratito escribiré también el informe de batalla y lo colgaré.
Un saludo
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hidari19
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« Respuesta #1 : Diciembre 28, 2010, 12:35:22 »

Ep!!

Leido, desgustado, listo para la batalla!! (dan ganas de pornerse a ello ipso facto!)


fenomenal!
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Por Malesur, no temo la llama...
Por mi furia, la herida se cura.
Por el bosque, no temo el hielo...
Por mi piel, la magia repelo.
Por mi bestia, no temo al acero...
Por mis zarpas, la carne lacero.

Por Malesur no temo mi muerte,
y por eso voy a vencerte!
RAISEN
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« Respuesta #2 : Diciembre 28, 2010, 12:40:44 »

jejeje ma gustao  Sonreir parece que se avecina una batalla 2 vs 2 de starter packs Cool
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SI JUEGAS CONTRA EL MEJOR
PIERDE COMO LOS DEMAS
Vargavinter
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« Respuesta #3 : Diciembre 29, 2010, 10:40:27 »

Hailsa!
Me alegro de que os guste, la ambientación de una partida es fundamental.

Raisen, si es que no se os puede ocultar nada, jeje, sí, fue una partida de starters packs.

Un saludo
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Inquisidor
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« Respuesta #4 : Diciembre 30, 2010, 06:21:55 »

pues cuando jugeis una partida a 1000 puntos,tendras que comprar 5 bolis para narar la batalla ¿ no?  muy bien ambientado.
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las reglas de spherewars,son muy faciles! saco un triple spehre!...y te follo
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